Sesgo Optimista Optimismo Tali Sharot

Sesgo optimista, ventajas y riesgos del optimismo según la doctora Tali Sharot

¿Alguna vez te has preguntado si eres optimista o no? Probablemente todos nos hemos hecho este tipo de pregunta alguna vez. Tali Sharot, con las conclusiones de su investigación acerca del sesgo optimista, nos lleva a hacernos algunas preguntas más y reflexionar sobre nuestras tendencias optimistas: ¿cómo de optimista eres? ¿a veces pecas de optimismo? ¿en qué situaciones, contextos y sobre qué temas? ¿qué consecuencias tiene ese optimismo? (Duración vídeo 17m. 41s.)

El optimismo está identificado como una competencia que forma parte de varios modelos que explican la inteligencia emocional, como los de los pioneros Daniel Goleman o Stephen Covey. Sin embargo tener un exceso de tendencia optimista nos puede restar eficacia.

La doctora Tali Sharot, del Departamento de ciencias cognitivas, perceptuales y del cerebro, de la University College London, lleva años investigando el optimismo tanto desde la perspectiva sociológica como desde la neurociencia.

Una de las preguntas que quiere responder es: “¿Por qué tenemos tendencia a sobrevalorar el futuro?”. Y una de las conclusiones a las que llega es que el cerebro no sólo se va formando en base a la experiencia y el aprendizaje del pasado, sino también en base a las expectativas de futuro y la anticipación de las mismas.

El optimismo está definido, según la RAE, como la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”. Una de las claves que Tali Sharot nos desvela es que tenemos una tendencia optimista sobre nosotros mismos y nuestro futuro, pero que en cambio no somos tan optimistas sobre el futuro de nuestros vecinos y las personas que nos rodean. Una de las preguntas que nos hace la doctora Sharot es si nos vemos en el 25% superior en cómo de buenos somos en nuestras habilidades relacionales, o en nuestra forma de conducir, o en nuestro atractivo como personas, o en cómo de sinceros somos, e incluso en cómo de humildes somos. Este fenómeno es el sesgo optimista, un optimismo excesivo, prácticamente absurdo. Sistemáticamente una amplia mayoría de las personas nos vemos en ese 25% superior, lo cuál es estadísticamente imposible.

Hay personas que creen que ser optimista es peor, poco eficaz, ya que las altas expectativas tienen mayor riesgo de no cumplirse, y después la frustración es mayor. Esas personas defienden que las bajas expectativas son la clave para ser feliz.

Sin embargo parece que esa lógica no se sostiene. Según la Doctora Sharot hay 3 razones principales por las que ser optimista es mejor, a pesar del riesgo del sesgo optimista:

1. Las personas con altas expectativas, las personas optimistas, siempre se sienten mejor. Las emociones asociadas a un evento dependen de la percepción que tenemos sobre dicho evento. Parece claro que cuando las cosas le salen bien a un optimista, atribuye dicho éxito a sus propias cualidades. Cuando fracasa parece que atribuye las razones a factores externos, fuera de su control. Los pesimistas hacen exactamente lo contrario, lo que les lleva a sentirse peor.

2. La anticipación nos hace felices. Independientemente del resultado final, disfrutamos anticipando un escenario optmista y por lo tanto mejor. Esta es la razón por la que la mayoría de la población prefiere los viernes a los domingos, a pesar de que el viernes es laboral y el domingo festivo.

3. El optimismo además conduce a una mejor realidad objetiva, además de darnos una mejor percepción subjetiva, y una mejor experiencia anticipatoria. Es la buena profecía autocumplida. Parece que el optimismo correlaciona claramente con más éxito social, deportivo o académico, mejores relaciones, mayor éxito profesional, etc. Incluso la salud mejora porque el estrés y la ansiedad se reducen, junto con todas sus consecuencias negativas.

 

En nuestra opinión el optimismo práctico no consiste en pensar que todo puede mejorar, que después de la tormenta vendrá la calma. El optimismo práctico y consciente nos lleva a pensar individualmente o colectivamente en qué podemos hacer para acercarnos a nuestros objetivos durante la tormenta. No se trata de ser ilusos sino prácticos y emocionalmente más inteligentes.

 

No obstante el exceso de optimismo tiene algunas desventajas y riesgos. El sesgo optimista nos puede restar eficacia. Ya hemos visto que nos puede llevar a sobrevalorarno a nosotros mismos.

Si trasladamos el sesgo optimista a la realidad empresarial, y la de los equipos, un fenómeno muy extendido que es probable que esté ocurriendo en nuestros propios equipos de trabajo es que muchos de sus miembros se valoran profesionalmente por encima de sus compañeros, y esto lo hacen a su vez todos o casi todos los miembros del equipo. No sólo es una percepción equivocada y un absurdo lógico, sino que además supone una traición al concepto de equipo de trabajo, así como un lastre para que el equipo evolucione y trabaje a pleno rendimiento.

Pensar que el resto de los miembros de tu equipo son tan buenos como uno e incluso más en algunos aspectos permite unas dinámicas de trabajo mucho más eficaces y potenciadoras del rendimiento óptimo, ya que cada miembro se abre mucho más a los demás, a sus opiniones y criterios. Nos puede llevar a tener diálogos apreciativos, mejores niveles de escucha, mayores niveles de rendimiento en equipo.

 

– ¿Cómo de optimista o pesimista eres?

– ¿Ese optimismo o pesimismo tiene reflejo en tus relaciones, en tus interacciones sociales y profesionales?

– ¿En qué áreas te consideras mejor que la media de las personas que te rodean?

– ¿Sufres a veces de sesgo optimista? si no sabes responder piensa si tienes una mejor valoración de ti mismo que de la gente que te rodea, particularmente en aquellos grupos o equipos a los que dedicas más tiempo.

 

Si tratamos el tema desde el prisma de los estilos sociales (hacer click aquí para explicación de los estilos sociales) para las relaciones interpersonales, el estilo que más tendencia tiene a expresarse de forma optimista es con toda probabilidad el estilo social expresivo. Expresarse de forma optimista puede ser bueno, siempre que sea un acto consciente y responsable, pero un sesgo optimista nos puede llevar a dinámicas interpersonales poco fructiferas.

 

 

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